Hablemos hoy de sexo, porqué no. Del sexo y el dinero. ¿Qué tiene que ver? Te preguntarás. Espera y verás.

Si me lees con frecuencia, sabrás que no soy una economista al uso. No creo en las redes sociales, la estrategia digital, el email marketing, los blogs y el dinero en sí mismos, por sí mismos, para sí mismos, como un fin, sino como un medio para alcanzar mi libertad y felicidad, para compartir mi mensaje, para materializar mi visión del mundo.

Y estarás de acuerdo conmigo, en que para hacer eso primero tengo que saber dónde reside mi felicidad, cómo me siento libre y cuál es la visión del mundo que quiero compartir. Y eso es en lo que yo me enfoco a diario. Y es eso lo que suelo transmitir a las mujeres que me piden ayuda. Y es por ahí, por la felicidad, la libertad y la visión de cada una por donde suelo empezar. Y es precisamente aquí, en la felicidad, donde el sexo tiene mucha cabida. Mucha más de la que nos pensamos. Y ya es hora de que se hable de esto sin tapujos. Al menos… ya es mi hora. Así que vamos a ello.

El sexo nos sana, nos libera, nos conecta con nosotr@s mism@s y nos proporciona felicidad, libertad y placer. El dinero también. 

 

  • El Ser Humano sólo se mueve por placer o por dolor. Al placer tiende a apegarse, y del dolor tiende a huir. Es decir, nos apegamos a las personas o cosas que nos hacen sentir bien, y hacemos lo que sea por mantenernos cerca de ellas; y huimos de las personas o cosas que nos generan malestar o incomodidad, activando todos los motores de cambio que sean necesarios para alejarnos. El sexo que nos proporciona placer nos conecta y nos acerca a nuestra pareja, el sexo que no nos proporciona placer (o incluso llega a proporcionarnos dolor), nos aleja y nos desconecta de ella. Al conectarnos a nuestra pareja, somos capaces de ver en él/ella el espejo de nuestras sombras, y reconocer nuestras memorias y heridas más profundas en nosotr@s mism@s. Al hacer este ejercicio, nos sanamos y nos liberamos.
  • Entendiendo el placer como la sensación de máximo bienestar, estamos de acuerdo en que el acto sexual con nuestra pareja, ropa nueva, un buen coche o una deliciosa comida pueden generarnos mucho placer, pero una conversación con una persona a la que queremos y admiramos, una película, un libro, una caricia verbal o un paisaje también. Es decir, además del placer físico, existe el placer emocional y energético. De hecho, el placer físico es posiblemente el menos placentero de todos los placeres, por ser éste el más limitado. Limitarnos el placer al acto sexual es mentalidad de escasez, sobre todo cuando la conexión que sentimos con nuestra pareja es únicamente física (¡¡y ya ni decir cuando no existe ni siquiera esa!!). Abrirnos al placer energético y emocional con todas aquellas personas con las que sentimos afinidad y simpatía es abrirnos a la abundancia del Universo.
  • Al Universo le encanta que sintamos placer, y cuando lo admitimos y se lo agradecemos, nos premia con más momentos de placer. La sexualidad nos proporciona placer, y el dinero es la energía que nos permite asistir a lugares, comprar cosas o realizar actividades que nos proporcionan placer. Es decir, el propósito de ambas energías es el mismo: el disfrute. Al bloquear una de ellas, bloqueas la otra, y al bloquear la otra, bloqueas la una. Y por el contrario, si agradeces y sientes con intensidad el placer de hacer lo que te place, con quien te place y cuando te place, el Universo confabula para darte más de eso. Tú percibirás que te da más dinero o más tiempo libre para estar con las personas con las que te gusta estar o realizando las actividades que te gusta realizar, aunque lo que en realidad te está dando es más momentos de felicidad, libertad, placer y disfrute.
  • Tanto la falta de dinero como la falta de placer sexual están ligados, consciente o inconscientemente, al miedo y a la culpa. El miedo es la emoción conectada con nuestra energía femenina y la culpa, la emoción relacionada con nuestro lado masculino. El miedo me impide expresar lo que siento y pedir lo que quiero; y la culpa me impide recibir lo que merezco. Ambas emociones vienen muy arraigadas a la religión, que lejos de re-ligarnos al origen nos ha separado de él. Pero este es otro tema, del que algún día hablaremos.
  • Y todo esto sin mencionar la relación evidente que hay entre la fluidez económica de una pareja y la pasión entre ellos, la tranquilidad, la paciencia, el respeto, el apoyo… o todo lo contrario cuando hay estrés y tensión económica, y lo único que mantiene unida a la pareja es el miedo a no poder pagar las facturas en caso de separación. Piensa… ¿puede haber disfrute cuando el interés prima sobre el amor? ¿donde la necesidad supera al deseo? No. No way, como dirían los ingleses.

 

¿Cómo desbloquear ambas energías?

 

  • Date el permiso de sentir, y expresar tus sentimientos sin miedo. No se puede sentir el placer sin sentir el dolor, pues son la misma emoción en polaridades opuestas. ¿Esto que quiere decir? Que para poder sentir una, debes sentir la otra. Si reprimimos y ocultamos la tristeza, el dolor y el miedo, difícilmente podremos conectar con la alegría, el placer o el amor.
  • Haz una lista de todas las personas o cosas que te generan placer, físico y/o energético, y comprométete a dedicarle tiempo de calidad. El hecho de que tengas pareja no significa que no puedas sentir placer con otra persona, del mismo u otro sexo.
  • Juega. Juega contigo, con tu cuerpo, con tu pareja, con tus responsabilidades. Percibe la vida como un juego, cuyas reglas a veces son un poco estrictas, y la mayoría del tiempo son divertidas.
  • Mírate a los ojos fijamente en el espejo y repítete con frecuencia lo que vales y lo que mereces. Te comparto mi afirmación por si te sirve de ejemplo: ‘Soy una mujer enérgica, guapa, divertida, inteligente, simpática, responsable y con mucho amor que dar. ¿Cómo no voy a merecer todas las cosas buenas que el Universo tiene para mi? ¡Gracias por tu abundancia, estoy abierta a recibir tus regalos!’
  • Habla con tu pareja. Explícale qué te gusta de él, cómo te gusta que te acaricie y que te hable, qué no te gusta, qué esperas recibir de él, qué estás dispuesta a darle… y viceversa. Si está abierto a crecer, te escuchará y lo hará, igual que tú con él. Si no, puede ser que no haya la confianza suficiente y la comunicación necesaria para una relación sana y consciente, y difícilmente podrás mantener relaciones sagradas sin esa conexión íntima y profunda, base del placer.
  • Pide, y recibe. Si a ti te gusta sentirte útil ayudando y dando a otr@s, a ellos también les gusta que tú les pidas. Empieza pidiendo recibiendo halagos, caricias, invitaciones, piropos, sorpresas… luego contratos, clientes, recomendaciones, regalos… ¡lo que venga!

 

Aquí te dejo mi reflexión de esta semana. ¿Me dejas tu opinión? ¡Gracias por Ser y Estar ahí!

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