Siempre he pensado que para viajar hay que desplazarse, que para curarse hay que tomar medicamentos, que para ganar hay que trabajar mucho, que para conseguir hay que hacer y que para adelgazar hay que dejar de comer.

Siempre he estado equivocada. O mejor dicho, condicionada por un sistema que me contó las verdades a medias, o dicho de otro modo, me enseñó una única realidad.

Desde el momento que nacemos comenzamos a vivir en un Universo dual. Esto significa que siempre, en todos los casos y sin excepción, existe una cosa porque existe su opuesto. Aprendemos algo porque antes lo desconocíamos, logramos algo porque hubo un momento en el que no lo tuvimos, nos incomoda una persona o situación porque conocemos personas y situaciones agradables, estudiamos una carrera standard porque no existe la que se adapta a mi, votamos al partido A porque no nos gusta B… Es decir, elegimos por contraste y descarte.

El problema viene cuando no tenemos todas las opciones posibles para contrastar y descartar, bien porque sólo nos han mostrado unas pocas o bien porque la que queremos no existe y no tenemos el coraje ni las herramientas para crearla.

En ese momento nos convertimos en esclavos, esclavos de un sistema manipulado y liderado por el poder, un poder mal entendido, basado en el fuerte sobre el débil, el ignorante, el que menos alternativas tiene.

Si bien podemos clasificar a todos los habitantes del Planeta en base a muchos criterios externos (por niveles de riqueza, de desarrollo, de educación, sistemas políticos, etc), hay una variable intrínseca a todos los Seres Humanos que nos posiciona en un bando u otro, independientemente de nuestra nacionalidad, sexo o cultura, y esto es la manera en la que tomamos decisiones.

Tomamos decisiones continuamente. La ropa que me pongo, la comida que como, el deporte que realizo, la profesión que ejerzo, la contribución que hago, los libros que leo, los países que visito, el partido que voto, en lo que invierto mi tiempo libre, lo que estudio, lo que creo, lo que digo… TODO.

Los hay que deciden con la mente, basándose principalmente en lo que les proporciona amor, dinero y reconocimiento en el corto plazo. Estas personas deciden según lo que su familia, sus profesores o la sociedad consideran adecuado y válido, independientemente les guste o no. Estas personas no sienten, y por tanto no pueden decidir en base a las sensaciones que una opción les genera en el cuerpo. Estas personas están desconectadas, sienten presión en la cabeza, contracturas en la espalda, les cuesta respirar profundo y a menudo se les cae el pelo. Saben que no son felices, que sobreviven, que no gobiernan su vida… y aún así se conforman con ello.

Por otro lado están los que dejan que sea su corazón el que decida, basándose principalmente en el bienestar o malestar que determinadas situaciones, ambientes o personas les generan. Estas personas escuchan su intuición, su instinto, su voz interior, porque ya han limpiado las decenas de capas de ego que les protegía del dolor y el sufrimiento. En ellas existe una sincronía entre lo que piensan y lo que sienten, no necesitan de la aprobación de otros y no buscan gustar, sino disfrutar. Para ellas todo fluye, los demás requieren su presencia porque con ellos se sienten tranquilos y alegres, su cuerpo está relajado y su mente despejada. Paran de vez en cuando, respiran, se estiran, abrazan, sonríen, bailan… viven.

Y hay dos bandos porque hay dos realidades, porque todo tiene dos verdades, dos polos, dos caras.

Porque una verdad equilibra a su mentira, porque gracias a lo que no es conocemos lo que sí es, porque aprendiendo el cómo no descubrimos el cómo sí.

Porque cuando no vemos nada, vemos el vacío, y cuando no oímos nada, oímos el silencio.

Por este motivo, no me creo nada. Y como no me creo nada de lo que percibo fuera, busco dentro.

Busco dentro mis propias respuestas, mis propias ideas, mis propias motivaciones, mi propio sistema de valores.

Y cuanto más busco, más encuentro.

Y cuanto más encuentro, más libre me siento.

Y cuanto más libre me siento, más quiero compartir.

Y comparto con el que emprende. No sólo con el que emprende un negocio, no. Comparto con el que emprende un nuevo camino. El suyo.

Por este motivo estoy creando TingSpira y por este motivo el próximo 24-27 de noviembre traeré a Madrid a los taitas de la Selva Amazónica y los Psicoterapeutas que me enseñaron a encontrar dentro de mi todas mis respuestas, a reconectar mi mente con mi corazón y a elegir y crear libremente mi propio camino.

Para que tú también lo hagas… si quieres…

Escríbeme un mail a ana.cascales@tingspira.com para más información sobre este retiro.

*Sólo 30 personas, hasta agotar plazas.