Si eres emprendedor, estoy convencida de que una de las cosas que más te preocupan -si no la que más- es si vas a ser capaz de vender tus productos al mundo, y qué más acciones puedes llevar a cabo para vender más unidades de tu producto. Existen numerosas técnicas de venta, libros y blogs sobre este tema dónde puedes aprender cómo hacer frente a las posibles objeciones de tus clientes, como vender a puerta fría, como realizar un buen seguimiento, como obtener los máximos “sí” posibles, etc (yo hablaré de esto más adelante), si bien es importante que sepas que en el Universo de las ventas hay un factor psicológico implícito del que dependen en un 80% tus resultados; que es la base en la que se sustentan todas las “técnicas” y que se mide en función de tus creencias inconscientes sobre el acto de vender (las raíces que dan tus frutos), la confianza en ti mismo que transmites -implícito en tu lenguaje verbal y no verbal- y por supuesto el tu nivel de conocimiento y seguridad en tu producto.

Yo pasé muchos años de mi vida diciendo que no me gustaba vender y que no servía para las ventas –y por eso me dediqué a auditar cuentas, bien encerradita.
Pasé mucho tiempo de mi vida sin sentirme valiosa, sin reconocer nada que me diferenciara de los demás, que me hiciera única.
Pasé mucho tiempo pensando que vender era manipular -esa es la buena educación de este país.
Pasé mucho tiempo de mi vida sin abundancia propia, en cuerpo, mente y alma.

Ahora me encanta vender lo que me gusta, lo que he probado, lo que me sirve a mi y lo que puede aportar valor a otros emprendedores “despiertos” como yo.
Ahora reconozco mi talento, mi conocimiento y todo lo que tengo para aportar al mundo, y me gusta valorarlo.
Ahora tengo credibilidad y la gente suele comprar lo que yo le recomiendo -porque ven en mi y mi estilo de vida los resultados.
Ahora pienso que sólo gana dinero de verdad quien sabe vender -y venderse.

¡Ahora soy mucho más abundante, y te comparto estas ideas para que tú también lo seas!