Hace unos días mantuve una conversación con una mujer de 42 años, autoempleada de su propia pescadería, que me reconocía que “con la que estaba cayendo no se podía quejar de como vivía”, y que su única preocupación en este momento era la carrera de sus 2 hijos adolescentes. Ella no lo sabe, pero de esa conversación salió mi publicación del Facebook del día siguiente y el título de este post: ¿cómo ganar dinero para dedicarte a ser feliz?

Después de haber estudiado una carrera universitaria y un Máster, viajado por el mundo formándome con grandes maestros y referentes, aprendido 3 idiomas, comprado mi propio piso y trabajado 5 años en una gran multinacional de 9 a 21h por una nómina con la que pagar la hipoteca, la letra de mi coche y el mes de vacaciones, a día de hoy me dedico a SER FELIZ, a respirar profundo, a pasear por el mar, a planificar el próximo viaje con mi familia, a hacer deporte, a cuidar mi cuerpo, a cocinar y comer sano, a mejorar la comunicación y aumentar la pasión en mi relación de pareja, a aprender cada día algo nuevo ya sea de un curso, un libro, un video, una persona o un error, a pensar cada día en una nueva idea y emprender un nuevo paso en la estrategia hacia mis sueños y a encontrar diferentes maneras de compartir contigo todo lo que voy aprendiendo en el camino, que a mi me funciona y creo a ti puede servirte también.

Para nada de eso necesito un título universitario, ni una empresa que me contrate. Sí una buena dosis de apertura mental, de limpieza y liberación emocional, de autoconocimiento, de amor propio, de optimismo y de sueños. Y por supuesto, formación empresarial continua (la tecnología avanza tan rápido que la información queda obsoleta de un mes a otro), estar al día de todas las herramientas y tendencias en marketing online, investigar sobre todas las empresas de network marketing e inversiones existentes, conocer nuevas empresas de éxito y analizar sus modelos de negocio, creatividad, organización, mucha visión de negocio y un buen pellizco de valentía. “Jugármela a diario”, cómo dice Antonio Banderas. Porque literalmente, la vida para mi es un juego, y el más divertido que pueda existir.

Lo que pasa es que nos hacen creen algo serio, y que va. Riéndonos o llorando, nos vamos a morir igual.

La pregunta no consiste en qué carrera debo elegir para tener un trabajo bien pagado, sino en qué debo hacer yo para conseguir el dinero que cuesta mi felicidad y mi libertad.

Qué debo aprender y sobre todo qué debo desaprender para que me paguen por hacer lo que más me gusta, dónde quiero, cuándo quiero y con quién quiero. Qué actitud debo tener, qué habilidades debo practicar y qué talentos debo potenciar. Y por desgracia y experiencia te digo que, por lo general, eso aún no te lo enseñan en ninguna Universidad. Al menos, no en ninguna “oficial”, dónde lo más importante sea aprobar para conseguir un título firmado por el Rey.

En Estados Unidos ya existe una Universidad de la Felicidad, y en España Montse Hidalgo lidera un proyecto similar, que me encanta. De todos modos, si esto te interesa, puedo recomendarte a ti o a tus hij@s qué estudiar y dónde según tus sueños y talentos 🙂

Por cierto! Otra conclusión que saqué de esa conversación es que una persona que hoy tiene entre 40-50 años tiene 2 opciones y la posibilidad de una única decisión, que determinará sin duda su felicidad y la de sus hij@s:

a) Vivir toda su vida creyendo y actuando tal cual le enseñaron sus padres en la época de Franco, en plena crisis del petróleo, con el desarrollo de la Industria y la inexistencia de Internet. Transmitirle eso a sus hij@s y alejarlos de un Universo de infinitas oportunidades en un mercado cada vez más competitivo y tecnológico.

b) Vivir dos vidas completamente diferentes en una sola, duplicando su conocimiento y su sabiduría: de los 0 a los 40 (INdustrial) y de los 40 en adelante (INternet), acompañando a sus hij@s en su crecimiento personal, profesional y económico, impulsándolos y apoyándolos en el camino duro pero absolutamente gratificante hacia sus sueños.

¡Ahí lo dejo! Tus comentarios me encantan, ¡no te los cayes!